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Dejar de fumar, un respiró por la vida

Por José I. Franco | 10 de abril de 2012

Dejar de fumar o el “cigarro”, como se dice comúnmente, es para el adicto al tabaco, lo más duro en sus vidas. Sin embargo durante este comentario, les daré mi testimonio, sobre los trastornos que causa al cuerpo y mente, dejar por completo y de un jalón ese vicio o “gusto”. Quienes nos hemos desintoxicado tras dejar de fumar, encontramos un respiro por la vida.

La Prensa de San Antonio.- Dejar de fumar o el “cigarro”, como se dice comúnmente, es para el adicto al tabaco, lo más duro en sus vidas. Sin embargo durante este comentario, les daré mi testimonio, sobre los trastornos que causa al cuerpo y mente, dejar por completo y de un jalón ese vicio o “gusto”. Quienes nos hemos desintoxicado tras dejar de fumar, encontramos un respiro por la vida.


Por José I. Franco

 

A la edad de siete años, comencé a darme mis primeras fumadas. Viviendo al lado de mi abuelo materno, él al finalizar su cena, me ordenaba que le enrollara un cigarrillo. Me daba el pequeño saco en el que se encontraba el tabaco y las hojas de mazorca de maíz seca, seguidamente se lo encendía.

Claro que yo tenía que darle las primeras fumadas, para mantener el cigarro prendido. Antes de dárselo en la mano derecha, tenía que hacerle respetuosa reverencia hincándome frente a él, que lentamente lo tomaba y de inmediato le daba una o dos fumadas.
Lo más curioso para mí, era verle el bigote blanco, marcado por una línea amarillenta.

Nunca llegue a imaginarme el por qué de esa raya amarilla en su blanco bigote. Al paso del tiempo mi madre me regreso a la ciudad, donde al principio todo era nuevo para mí. No paso mucho tiempo en que comencé a juntarme con otros chicos de mi edad y algunos mayores, con quienes lo único que aprendía eran malos comportamientos, no delinquíamos, solo que nos divertíamos con pasatiempos no aptos para niños de nuestra edad.

De vez en cuando no asistíamos a clases, nos íbamos al parque, a las afueras de la ciudad, donde pudiéramos encontrarnos un arroyuelo, para nadar y pescar. Nunca faltaba que alguno de nosotros cargara en su bolsillo secreto, una colillas de cigarro, las cuales al encenderlas nos las turnábamos para darle una o dos fumadas.

Así fue transcurriendo mi niñez y adolescencia, hasta que conocí a un joven de la alta sociedad, a quien me lo lleve al barrio, del cual él se enamoró, prefiriendo nuestra amistad, a la que le rodeaba en su elegante sector habitacional. Mi amigo, poco a poco me fue introduciendo en su familia, que no paso mucho tiempo en aceptarme, como un miembro más de ellos. Con la amistad de mi amigo, nunca nos faltaron los cigarrillos de marca Raleigh, ya que él siempre prefería darnos cosas buenas. Nos invitaba a lugares bonitos, donde pagaba la cuenta, las fuentes de sodas eran nuestras preferidas.

Para no hacerla más larga, le diré que llegue aburrirme del barrio, y opté por irme a vivir a la ciudad de Tijuana, donde me hacia buen dinero y podía seguir fumando de las mejores marcas de cigarrillos americanos. Fue en el año de 1975, cuando ya de este lado, tomé la decisión de “quitear”, o sea dejar de fumar.

Como consecuencia tuve difíciles momentos, la desintoxicación me llevo a consultar al doctor, quien ese mismo día me dio una variedad de pastillas, las que me forzó tomarlas con medio vaso de agua.

“Toma estas pastillas, para que veas lo pronto que te vas a curar”, recuerdo que así se expreso el doctor, que apenas tenía minutos de conocerme. La verdad fue que al “explotar” las pastillas en mi estomago y tras penetrar en el sistema sanguíneo y el cerebro comencé a sentirme bien.

El tratamiento duró diez días, no volví a sentir los trastornos de la desintoxicación. Con las pastillas que tomaba a diario, en mi pensamiento, veía como mi “chimenea” interna se estaba limpiando, cada vez que tocia y desechaba flema, la comparaba como si fuesen capas de hollín las que se desprendían de los pulmones y el tórax!

En los siguientes comentarios que estaré redactando durante el mes de abril, les seguiré dando más información, en cuestión del proceso para dejar de fumar, mediante desintoxicación personal y con ayuda de su médico familiar.

Hasta la próxima Dios mediante.

Foto Pulmón que perteneció a una persona adicta al tabaco, el cual con todas las de la ley fue donado al San Antonio Metropolitan Health Department, el cual junto a otro pulmón de color rojizo, de persona no fumadora, se exhiben durante ferias de salud. (Foto Franco).

 

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