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Amor a Dios y familia, curación del alcohólico

Por José I. Franco | 15 de mayo de 2012

En este testimonio, les diré que la única medicina para controlar y llegarse a curar del alcoholismo, es nuestro amor a Dios, y con quienes compartimos nuestra vida. Ya sean esposa e hijos, familiares cercanos y retirados. Lo mismo amistades quienes lo único que desean es verlo a uno sobrio y en buen estado de salud.

La Prensa de San Antonio.- En este testimonio, les diré que la única medicina para controlar y llegarse a curar del alcoholismo, es nuestro amor a Dios, y con quienes compartimos nuestra vida. Ya sean esposa e hijos, familiares cercanos y retirados. Lo mismo amistades quienes lo único que desean es verlo a uno sobrio y en buen estado de salud.

Por José I. Franco
franco@laprensasa.com

En mi caso, hace 12 años que recibí el milagro que tanto le había pedido al Todo Poderoso, los mismos que tengo de sobriedad, la cual ahora me mantiene feliz al lado de mi esposa, hijo, familiares y compañeros de labores.

Mi alcoholismo comenzó a temprana edad, entonces lo disfrutaba por todas las regiones que visitaba o me quedaba a vivir por un buen tiempo. Residí en estados donde el licor corre por las calles, donde hoy el índice de alcoholismo es bastante elevado y en donde se ha perdido la fe en sí mismo.

Mis plegarias ante Dios, en el comienzo de los 90’s llegaron de inmediato, ya que le pedía a El Señor, me guiara por el sendero de la sobriedad, ya que en esa época, me había bendecido de nuevo como papá, a mi esposa me regaló un bebé que llego a este mundo en buen estado de salud.

Por mi crónico alcoholismo, tenía dudas de que el bebé naciera con alguna enfermedad o impedimentos físicos. Dios nos lo dio entero y saludable, desde entonces en mis diarios rezos, sobrio, borracho o “crudo”, le suplicaba, que me diera la oportunidad de mudarme a otra parte del país, ya que deseaba de todo corazón dejar de parrandear, amanecer tomando con los disque amigos. Han pasado 22 años desde que El Señor, me envió a esta prospera región de San Antonio, ciudad donde mi esposa nació y tiene bastante familia.

Ya residiendo en San Antonio, me olvide de las suplicas ante El Señor, seguía tomando y manejando. Por años mi esposa me reprimía. “No me importa que te emborraches, así te conocí, y sigues en lo mismo. Lo único que no quiero es que sigas llevándote al niño, él ya no quiere verte tomando y manejando, algún día se nos va a traumar, y tu serás el culpable”, estas eran las palabras con las que mi esposa, me reclamaba.

A finales del año 1999, fue cuando topé con duro, un cumplido agente patrullero, me arrestó por sospechas de conducir en estado de embriaguez, lo cual vino a cambiar la situación familiar, ya que enfrentaba una situación difícil de componer. Sin embargo me sometí al cumplimiento de los programas que me ordenó el sistema judicial de Texas, y a la fecha, ya nada debo, he cumplido con todo lo que se me impuso, y ello me ayudad a seguir disfrutando de mi sobriedad, no sin antes, cada día que amanece, doy todo mi agradecimiento a Dios, por haberme dado tantas oportunidades, y que siempre estuvo a mi lado, cuidándome de los peligros, en que se mete uno de borracho.

Ahora me dedico a dar mis testimonios, quienes crean en lo que les digo, está bien, y sino cuando menos traten de ser personas responsables, cuando se embriaguen, no discutan con la esposa o el esposo, hijos y familiares que te piden hacer el cambio. Es duro aceptar ser alcohólico, pero más duro es cuando uno causa accidentes, o golpea a su pareja, las cárceles estatales y del condado están llenas de presos que cometieron crímenes en estado inconveniente.

No vale la pena, ir a la cárcel por borracheras. Creo que podemos mejorar nuestras situaciones, si nos acercamos a Dios y nuestras familias, ellos son la cura para dejar las bebidas alcohólicas. Nunca mal juzguen a quienes tienen buenas intenciones para que dejen la tomada. Las leyes en Texas, son duras para quienes han sido convictos en otros estados por conducir bajo el influjo de bebidas alcohólicas, a esa convicción, le añaden la primera obtenida en este estado, lo que suman dos convicciones, que bien te pueden costar más dinero o ir a la penitenciaria por un buen tiempo.

Dios es la salvación del alcohólico, se los digo de todo corazón. Para mí haber parado de tomar, hoy es un milagro hecho realidad. Hasta el próximo, Dios mediante.
 

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